
Cuando creas tu primera pyme y tienes que vender un producto o poner un precio a tu trabajo, muchas veces piensas en si pides demasiado o te quedas corto y, a menudo, es una decisión bastante difícil de tomar por varios motivos.
El principal motivo por el cual muchos prefieren cobrar algo menos de lo normal es debido a la inexperiencia, a que no se les conoce ni saben cómo es su trabajo, con lo cual es por eso que cobran menos, hasta que cogen experiencia, que se hacen más estables y obtienen una cartera de clientes.
En ese momento es cuando los precios pueden subirse algo (tampoco sin exagerar) a fin de llegar al precio medio que otras empresas pueden tener. Ya dependerá de la calidad del producto o del servicio el poder subir más el precio o fijarlo en un tope.
Cuando las pymes son nuevas es necesario tener clientes y eso sólo se consigue fomentando que nos soliciten a nosotros el servicio o producto. Aquí la mayoría de las pymes suelen fallar en sus técnicas de marketing porque son nulas o inexistentes. Hay que venderse, pero también saber venderse y no es lo mismo contratar una pyme que se anuncia y tiene un logo bonito, que una que no hace nada por su empresa.
Con los precios ocurre lo mismo; salvo que tengas un mercado poco competitivo donde seas tú quien pueda marcar los precios, tendrás que dejarte llevar por el resto de empresas, o incluso cobrar menos, a fin de que puedas conseguir algunos clientes que conozcan tu forma de trabajar. Una vez que tengas algunos clientes y si están satisfechos seguramente te recomendarán a sus familiares y amigos por lo que conseguirás más clientes.
De esa forma, y poco a poco, podrás ir aumentando clientes y, a su vez, aumentando el precio de tus productos o servicios. Es mejor cobrar poco al principio y obtener beneficios que ser demasiado exigente y no conseguir sobrevivir ni al primer año.