Trabajador antes de emprendedor


Trabajador antes de emprendedor

Muchas personas opinan que, antes que ser alguien importante, han de hacerse a sí mismos y saber empezar desde abajo para después empatizar con los trabajadores que pueden tener. Un emprendedor puede tener muchos estudios pero, si no logra conectar con su equipo, no le va a servir de nada. Es por eso el título de este artículo: trabajador antes de emprendedor.

¿Y por qué así? Porque en realidad, para emprender, no hace falta estudiar nada: sólo tener una buena idea, conseguir unas habilidades necesarias y un poquito de conocimiento para cumplir con los requisitos que hacen falta para montar una empresa (dejando al margen la parte económica, claro).

Las habilidades al emprender

Un emprendedor sabe que, si quiere tener éxito, tendrá que tener algo que lo haga diferente de los demás y, al mismo tiempo, que su negocio sea diferente. ¿Y qué puede ser? Habilidades como la creatividad, liderazgo, motivación, el crear oportunidades o detectar las que hay en el mercado, o incluso saber comunicarse y escuchar son muy importantes aunque no lo veas en realidad. Y el motivo no es otro que el hecho de que un trabajador no quiere tener a un jefe que se crea superior sino a uno que lo vea como un igual pero que tenga la habilidad de ver el éxito y lo persiga haciendo, no sólo que él gane, sino que todos ganen.

Es por eso que, cuando un joven dice que quiere emprender, antes ha de aprender desde abajo y hay varios trabajos que le pueden ayudar a ello:

Uno de los primeros trabajos es el de comercial. Sí, sabemos que es uno de los peores trabajos pero, un emprendedor, debe saber vender, y la mejor manera de aprender lo que es eso es, sin duda, siendo comercial donde ha de vender por todos los medios o no obtiene ningún tipo de beneficio (ni de sueldo).

Otro de los trabajos es el de cuidador de niños. ¿Por qué? Porque los niños son muy diferentes entre sí y tienes que ocuparte de que todos te hagan caso. Esto es como los clientes, cada uno es distinto pero, si sabes luchar con cada uno de ellos, acabarás ganando y consiguiendo tu objetivo.

Ser telefonista también ayudará a empatizar con los clientes, a soportar las quejas e intentar solucionarlas lo mejor posible para contentarle (o para que no pongan reclamaciones).

Todo esto hará que, a la hora de emprender, sepas actuar de modo consecuente.

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